Viesca de reflexión invitó a recuperar la conexión con la naturaleza mediante una exposición situada primero en el hayedo de Tierra del Agua y trasladada después a la Galería Solaina. La propuesta atendía a la resiliencia del bosque, a sus recursos y a los saberes que permiten pensar otras relaciones con el entorno.
La participación de Brenda Ranieri, Bailar hasta derretirme, reunió una pintura sobre lino, un mural cerámico de cuatro piezas y una escultura. La instalación nace del deseo de prolongar una vivencia dentro de la naturaleza y disolver los límites entre cuerpo y paisaje. La pintura combina pigmentos naturales, óleo, spray y pastel; el mural registra durante un mes los movimientos de una planta; la escultura remite a un tronco, un torso y un refugio interior. Presentadas primero en el bosque y después en la galería, las piezas investigan cómo el contexto y la intemperie modifican su percepción.