Me tocó por dentro reúne una serie de vasijas conectadas por un sistema de agua que circula entre ellas, donde el agua activa el hueco como espacio de resonancia. El título toma la expresión ruandesa Yankoze Munda —«me tocó por dentro»—, vinculada a un ritual femenino de acompañamiento y sanación comunitaria en el que el agua cae desde bolsas perforadas sobre la cabeza de quien atraviesa un proceso de transformación.
La obra retoma esta estructura simbólica: aquello que nos conmueve no permanece aislado, sino que circula y se transforma en comunidad. El gesto es mínimo, repetitivo y persistente. Cada vasija, realizada con técnicas mixtas y materiales recolectados como el metal, contiene y se deja afectar; el agua entra, insiste, gotea y produce una vibración casi imperceptible.