Entre lo lunar y lo terrestre, Sin embargo, se mueve propuso un gesto de comunión entre materia, cuerpo y entorno. Inspirada en la frase atribuida a Galileo, la experiencia atendía a los procesos invisibles de transformación que sostienen todo lo vivo: aquello que parece quieto continúa moviéndose.
En colaboración con el chef Brian González, la mesa se convirtió en territorio y paisaje material. Piezas cerámicas, piedras, metales y fragmentos reales del taller convivieron con un menú vegetal cuyas formas confundían lo comestible con lo rocoso. La cerámica extendió así su investigación más allá del objeto, activándose mediante el tacto, la comida y la conversación colectiva.